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History

From Douala to the world: Alain Koussom

Por Lautaro Brum

Le sale de la nada. No está ensayado, pero tiene mucho que ver con su forma de ser.

Repite constantemente las palabras perseverancia y disciplina. Ambas están relacionadas con su historia. Alain se crió en Duala, la capital económica de Camerún. Es una ciudad costera, ahí se realizan la mayoría de las exportaciones del país, como el petróleo, café y cacao. Aunque no ha vuelto muchas veces, recuerda con mucha nostalgia su infancia. La pelota nunca faltaba, obvio. Salía de la escuela y estaba todo el día sin parar descalzo jugando en las canchas. Si estaba de vacaciones, se la pasaba jugando, desde las diez de la mañana hasta las diez de la noche.

Alain era de esos pibes que tenían muchos amigos. Gracias a eso su infancia fue muy movida. Tenía varios grupos en la escuela y en el fútbol. A pesar de que las distancias son muy largas, sigue en contacto con varios. Algunos tuvieron la suerte de emigrar, otros no. Francia, Bélgica, Estados Unidos y Uruguay fueron algunos de los destinos de los afortunados, los demás siguen en Duala o en otra parte de Camerún.

Entre esos amigos que tuvieron la posibilidad de emigrar, están el golero Carlos Kameni y el goleador Samuel Eto'o, con quien dice seguir en contacto, siempre y cuando él tenga tiempo para contestarle, por su apretada agenda y alto nivel de vida.

De chicos, los tres iban juntos a practicar a la “Kadji Sport Academy”, un centro de alto rendimiento en Duala, donde la meta es formar jugadores de gran nivel. Alain dice que es un lugar donde todo el mundo quiere ir, pero no cualquiera entra. La misión de la academia es forjar la excelencia en sus jugadores, por lo que apuestan a un grupo reducido de verdadero talento, para tener más chances de saltar a las grandes ligas.

Al cumplir los 18 Alain pudo salir de Duala. Según él, fue gracias a su talento, convicción y sobre todo, por su fuerza de superación, ya que tiempo atrás recibió un golpe duro. Cuando tenía 16 su mamá falleció de diabetes. Era su gran compañera y por eso pasó un par de años complicados, donde le costaba concentrarse en el fútbol. Recuerda ese día como si hubiese sido ayer. No se olvidó de nada. La semana previa a su muerte, él sintió lo que iba a pasar:

“Fue un 5 de diciembre. Llegué a casa, estaba sentada ella sola. La enfermedad ya la había consumido bastante. Entré a su cuarto, la miré a la cara y no me gustó lo que vi. Ella arrancó a llorar y yo también, de impotencia, no podía hacer nada, nada. Estaba devastado, me preguntaba qué podía hacer yo para salvarla. La dejé en casa, y corrí a una feria donde estaban sus hermanos. Les dije que mamá estaba muriendo. ¿Por qué decís eso? Me decían. Pero yo la vi mal, estaba muriendo.”

Eso ocurrió un lunes, pero todo se complicó dos días después. Su madre le pidió que lo acompañara al hospital, solo ellos dos. Le hicieron unos exámenes y luego una amiga de ella fue a verla y le llevó un poco de comida. Después trató de descansar un poco pero el panorama no mejoraba, Alain seguía viéndola muy mal:

“Cuando vuelvo a su cuarto y la miro, no respiraba bien. Corro a los enfermeros. Uno me dice la típica, tomá, andá a comprar tal medicación a la farmacia, pero esa medicación no estaba, ellos sabían. Lo hicieron para demorarme mientras ella agonizaba, yo de vivo no fuí.

Cuando llego arriba y la veo, se había ido. Fue una buena persona, las buenas personas siempre se van temprano, siempre. ¿Sos buena persona? te vas temprano”.

A pesar de ese golpe, Alain se enfocó en el fútbol como nunca antes y llegó a Uruguay junto a otros tres compañeros, el 12 de noviembre de 2002.

Su llegada al país no fue la que él esperaba: estaba enfermo. Viajó con una enfermedad pulmonar que no se podía tratar en Camerún. Inmediatamente los médicos decidieron que lo mejor iba a ser internarlo en el Hospital Maciel, donde le hicieron varios estudios hasta detectar la enfermedad.

Alain dice que si se quedaba allá se moría, no había otra. A su vez, mientras él estaba llegando a Uruguay, su padre falleció. Se había golpeado fuerte la cabeza en una caída. No le hicieron los estudios correspondientes para detectar la hemorragia interna que tenía, y de eso murió a sus 75 años.

Sus hermanos no le dieron la noticia hasta finales de diciembre, cuando ya estaba internado. Según él, no querian agregarle ese peso cuando recién había llegado a Uruguay, ya que se encontraba muy débil y eso lo iba a complicar aún más. Se pasó todo el verano del 2003 internado, recuperándose. A principios de marzo arrancó a trotar y a volver a ponerse a tono físicamente para poder jugar.

Cuando se recuperó, se tomó otro avión. No llegó a debutar en Uruguay. El grupo que lo representaba -conformado por Carlos Blanco, Leonardo Blanco y Luis Calcaterra- acordaron su contrato con Guanacasteca, un cuadro de Costa Rica. Jugó ahí un año y ocho meses.

Dice que vivir ahí era divino, nada comparado a Uruguay. “Era carísimo todo y futbolísticamente se quedan atrás, comparado a cómo se juega acá”. Recuerda que era y es un fútbol muy físico, se enfocan mucho en eso y dejan de lado la pelota.

Luego volvió a Uruguay para jugar en Salto FC. Ahí conoció a una mujer y juntos tuvieron a su primera hija, Camila, de 15 años. Alain no estuvo presente en su nacimiento. Mientras ella llegaba al mundo, él estaba en un avión rumbo a la Argentina. Tenía un nuevo destino futbolístico: Rosario Central. A sus 21 años sentía que era un paso importante en su carrera ya que veía la oportunidad como un “trampolín” a las grandes ligas.

Su paso por el club no fue el esperado, solo jugó en la reserva del club. Nunca pudo debutar en el primer equipo.

En el 2006 volvió a Uruguay para jugar en Liverpool. Tuvo un paso corto en el club, pero se llevó el buen recuerdo de haber compartido plantel con Jorge Fucile y Carlos Sánchez.

En ese mismo año se desvinculó del club y acordó contrato con Deportivo Maldonado. Ahí comenzó su declive futbolístico, por otro problema físico. Se había jodido mucho la rodilla.

En 2009 lo operaron de la rótula en la Médica Uruguaya. Le hicieron una condroplastia, un procedimiento para reparar un área pequeña de cartílago de la rodilla. Luego de la operación, le empezó a costar jugar los partidos. Tenía que forzar la rodilla y sentía que no podía rendir en cancha lo suficiente.

Hugo Parga, su DT en Deportivo Maldonado, le dio una mano enorme en ese momento.

Alain comenzó a extrañar bastante su casa y, mezclado con el dolor por la rodilla, no estaba bien anímicamente. Parga se las ingenió para que Alain tuviese la mente ocupada y durante tres veranos hizo de barman en su restaurante “Cactus y pescados”, ubicado en Manantiales. Alain siente mucho cariño por Parga, ya que le brindó un gran apoyo humano durante esos años.

En ese entonces también conoció a su esposa, Ana Rodriguez, quien lo bancó mucho luego de la operación. Juntos tuvieron a sus dos hijos varones: Matías, de 8 años, y Mauro, que falleció de un paro cardíaco a la hora de haber nacido. Alain dice que han sabido superar ese obstáculo que la vida les puso, pero que sin el apoyo constante de Ana y su familia, que siempre le abrieron las puertas, hubiese sido imposible. Remarca que de no ser así, ahora estaría en “un lugar muy oscuro”. Es por eso que Ana es incondicional para él.

Arrancó el año 2010 pero Alain se había quedado -como él temía- sin nada en ese entonces. Deportivo Maldonado le comunicó que no iban a contar con él para la temporada por el tema de la rodilla. Le dijeron que no había manera de bancar a una persona que no podía rendir al 100%. Su representante también le dio la espalda y no lo respaldó como se debía. Alain remarca igual que en el fútbol pasa, es así, si no servís, chau.

Se tuvo que sentar a pensar que iba a hacer para generar ingresos. Ahí decidió abrir un lavadero con una plata que tenía ahorrada. Estaba ubicado en 26 de marzo y Manuel Pagola. Durante los dos años que el lavadero estuvo abierto, le rindió bien y le permitió solventar tanto a él como a su familia en Camerún. Él tiene una gran responsabilidad que su padre le encomendó: quedó a cargo de su familia, en total 14 hermanos.

¿Por qué quedó él a cargo? Tanto su madre como su padre pertenecían a dos tribus de las 255 que existen en Camerún. Su padre, polígamo -práctica que es aceptada en Camerúnera 35 años mayor que su madre. Alain comenta que, antes de que su madre naciera, su padre ya sabía que se iba a casar con ella. Sus dos abuelos habían llegado a ese acuerdo.

En el correr de la infancia de su madre, su padre proporcionaba a la familia con leña, aceite, ovejas y otros materiales para que ella creciera sana y que no le faltara nada. Cuando cumplió 15 años se casó con ella y tuvieron 5 hijos. Con otras dos mujeres su padre tuvo a sus otros 10 hermanos y hermanas. La cuestión es que, al morir, cada jefe de familia debe nombrar a otro como el futuro responsable de todos, y su padre lo eligió a él como representante de toda la familia ante la tribu y de la toma de decisiones familiares.

A fines de 2012 Alain decidió vender el lavadero -no sin antes llevarse un lavarropa y secarropa que siguen funcionando en su casa- porque estaba terminando la rehabilitación en la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales. Ahí conoció al “Indio” Morán, coordinador de la mutual en ese entonces, quien lo ayudó mucho en su recuperación y lo hizo sentirse de nuevo un jugador de fútbol profesional, según Alain.

En 2013, ya recuperado, firmó contrato con Cerro. Pero su paso por el club no duró mucho.

La rodilla le seguía generando problemas. No era el mismo de antes dentro de la cancha.

Recuerda muy bien que mientras jugaba pensaba en lo mucho que le dolía hasta correr. Se decía a sí mismo que estaba sufriendo mucho, y ahí decidió retirarse del fútbol profesional.

Alain tenía que ocuparse de su familia, y también de que a sus hermanos y hermanas en Camerún no les faltara nada. Eran muchas las responsabilidades y estaba sin trabajo.

Arrancó a trabajar ese mismo año como guardia de seguridad en el Casino Parque Hotel.

Trabajó ahí por dos años, hasta llegó a ser encargado de seguridad.

En el 2015 renunció al cargo, ya que unos amigos le habían conseguido trabajo en una empresa química, que le pagaba mucho mejor. Trabajó ahí de operador químico por un año.

Lo despidieron por reducción de personal, dejaron sin trabajo a los más nuevos de la empresa. Al no tener trabajo, no quería estar todo el día en su casa sin nada que hacer y se inscribió al curso de Director Técnico en la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ). Era algo pendiente que no había tenido tiempo de hacer y tenía muchas ganas. Arrancó a estudiar con fuerza y, por cosas del destino, una tarde que fue a buscar a su hijo al colegio, una madre se le acercó a preguntarle si era de Camerún -ese día tenía puesta una campera de la selección- y Alain le asintió. La señora le comentó que su esposo estaba jugando en un cuadro de la Liga Montevideo, ese cuadro tenía de nombre “Camerún”. Alain se sorprendió y la señora lo invitó a unirse al cuadro. Se reunió con el esposo de la señora y lo convenció, a partir de ahí pasó a ser parte del equipo.

En el cuadro conoció a Martín Gedanke, su patrón de uno de sus trabajos de hoy en día, en un centro de rehabilitación de drogas. Alain le contó su historia y Martín quedó muy sorprendido por todo lo que había pasado. Se le ocurrió que le podía dar una mano en el centro, y lo llevó a trabajar ahí. Desde 2016 cumple la función de operador terapéutico. Su trabajo es charlar con los pacientes, conocer sus historias y ayudarlos a mejorar. Dice que es un trabajo que requiere de mucha disciplina y paciencia, porque varios pacientes no se encuentran del todo bien y su evolución no es de un día para el otro.

Está convencido de que es un trabajo que lo ha ayudado mucho a educarse a sí mismo.

Si bien nunca hizo el curso de psicología, Alain aplica mucho de lo que le enseñan en el curso de DT en la ACJ. Ahí le enseñan sobre psicología del deporte. Aunque no es lo mismo, es una herramienta clave para él en su trabajo en el centro de rehabilitación. Dice que son paralelos pero a la vez iguales. Hay que tener las palabras justas para tratar con los pacientes. Cree que si tiene el poder de convencer a un paciente a mejorar y dejar su adicción por las drogas, también lo puede hacer con un jugador de fútbol que se encuentra en rehabilitación por una lesión, por ejemplo. Trabajar en el centro le ha dado la habilidad de saber tratar con la gente, práctica que piensa va a poder plasmar luego, educando en una cancha de fútbol. Él está muy agradecido con Gedanke. Dice que todos los días aprende mucho, y que su reinserción a nivel social y laboral es gracias a él.

A partir de ahí todo fue crecimiento para Alain. Ese mismo año, comenzó su vínculo con Albion FC. ¿Cómo llegó ahí? Gracias a Leonardo Blanco, uno de sus primeros representantes y ahora presidente del club. Hoy en día, son vecinos en el barrio Pocitos. Se cruzaban cada tanto en el barrio y él sabía que Leonardo estaba metido en Albion. Un día Alain comenzó a ir a los partidos del club, cuando aún estaba en la “C”. Iba con el plantel y cuerpo técnico, pero se sentaba solo como espectador. Los sábados salía del lavadero y se iba para ahí, le gustaba. Durante un partido, en el entretiempo, Alain comenta que tuvo una “visión” que hizo que Albion ganara ese partido.

A Leonardo de a poco le empezó a llamar la atención y decidió incorporarlo al club. Sabía que él entendía muy bien el juego, y además, necesitaba el laburo. Dice que Alain es un “todo terreno” por todo lo que peleó en su vida, por eso sabía lo que le podía aportar al club.

Ahí arrancó la aventura en Albion para Alain, hace ya varios años. Se desempeña como utilero, dando una mano enorme en la parte de logística.

Pero no es suficiente para él, quiere más. A fin de año termina el curso de DT y aspira a un puesto en las formativas del club. Se siente capaz y con muchas ganas. Tiene claro todo lo que le puede aportar a los pibes, dice que tiene las herramientas para sumar dentro de los planteles juveniles.

Leonardo afirma que todo depende de él y de sus ganas de superarse. Todo lo que ocurra a futuro tiene que ser en base a una idea sólida. Alain está dirigiendo en este momento a “Camerún”, el cuadro de la Liga Montevideo que le abrió las puertas. Según Leonardo, eso puede ayudarlo mucho a potenciar su visión del fútbol, para cuando le toque la oportunidad, la cumpla con responsabilidad. Todos tienen mucha expectativa.

Alain quiere seguir superándose a sí mismo día a día, tanto por él como por toda su familia.

Son su motor y lo ayudan a recordar siempre de dónde viene: Duala, aquella ciudad costera de Camerún, donde todo empezó.

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